lunes, 7 de marzo de 2011

CARTAGENA, EL “MONSTRUO TE COMERÁ”


Por: Juan Diego Perdomo Alaba

Como el  “Monstruo” se refiere la Revista Semana al matrimonio por conveniencia entre los políticos tradicionales e “Independientes” y,  los contratistas. Cazadores de contratos que disparan a todos los flancos en busca de hacerse rico a costillas del erario público, es decir, de nosotros los contribuyentes. Yo te aporto, tú me devuelves; él come, tú comes, yo como. El monstruo come.

¿Me podrían mencionar el primer político que no haya sido atrapado por el "Monstruo" en este departamento?

Es irrisorio ver en las redes sociales a la política “proba” de nuestro entorno revestida de esa autoridad que da el ser ciudadano natural, para solicitar (con aquel dejo de plaza pública) que acabemos de una vez por todas con ese monstruo que se come al país y que “"¡No se puede seguir votando por candidatos que se dejen someter por EL MONSTRUO!”"

¡Pamplinas! No vengamos con comentarios solapados y de doble moral que usted señor lector y yo,  sabemos que sin billete no se llega ni a Edil, y para estas elecciones menos.  En los corrillos políticos (de buena y mala estirpe) se comenta que las campañas para las próximas elecciones serán de las más costosas en la historia proselitista reciente.

A menos que el candidato Pedro de los Palotes sea altruista, desee trabajar por su desvalido pueblo y quiera invertir miles de millones en una campaña, ni sumando su sueldo en cuatro años,  lograría recuperar la inversión. Es ingenuo pensar que un profesional con proyección, empresario exitoso ofracasado radial (pero con pauta) quiera aspirar a un cargo de elección popular con el riesgo que implica la función pública.

¿Usted cree que de no ser tan buen negocio la burocracia, un privado dejaría un puesto con el triple del sueldo para exponerse a la función pública gratis?

Más bien pensemos en una democracia no tan representativa y más veedora. Una reforma política y electoral que no esté hecha a la medida del "Monstruo",  porque los trajes que le coloca el sistema (dícese pequeños monstruitos) son ceñidos a su contextura,  y juegan con el contorno de su asquerosa piel multicolor.