viernes, 10 de mayo de 2013

Los últimos minutos de Campo



Por Juan Diego Perdomo Alaba 

-No debí hacerles caso padre…Fíjate, Ernesto, Juancho, Paché…todos los colegas que de verdad me quisieron me lo advirtieron.

-Y los demás... ¿A quiénes te refieres cuando dices que no debiste hacerles caso?

-Los demás padre, los demás me tiraron a un abismo. Y aquí estoy, conectado a una bala de oxígeno, solo. Ellos saben quiénes son.  

-Te sientes mal por eso ¿verdad?

-Me inquieta más pensar que sabía en lo que me metía. Accedí al capricho de quienes me llamaron, visitaron y abordaron, correteándome, insistiéndome que yo era el hombre, que podíamos sacar la ciudad adelante. Padre, más que nadie conocí los vericuetos políticos. Tú sabes que me codeaba con todos, a todos les mamaba gallo y les sacaba más que una sonrisa…

-Qué vaina… ¡Pero pudiste ganar solo, la gente te amaba y se veía en ti!

-Qué va padre, en Cartagena eso no es suficiente. Necesitaba aceite. Mira, acá entre nos, mucha gente me ofreció el oro y el moro. Me apabullé, era impresionante. Lo consulté con la nena y pensé que si todo era para el bien de Cartagena no había razón para rechazar a quien quisiera aportar con tal de presentar una propuesta incluyente, pero ya ve lo que pasó…

-Y ahora ¿Qué piensas?

-Que cometí un error padre… ¿Ves cómo estoy? –el sacerdote fija su mirada en unos ojos encharcados y marchitos-– Me costó la vida, padre…nada más…-entre sollozos clama-

-El padre contiene las lágrimas y le contesta: -Ten fe hombre, confiando en Dios saldrás de esta…ya verás.

-Quiero estar bien, necesito otra oportunidad… pero…sonará contradictorio lo que le diré, pero  la única manera padre, que contemplo para salir de todo esto es yéndome…

-¡Cómo yéndote! Y tu familia, Cartagena…

-Erdaa mi familia…a ver…pudieron hacer tanto… ¡Cartagena! Padre, me duele. Intenté hacerme a su imagen y semejanza para poder entenderla y fíjese que lo logré…Eso, por lo menos, me place.

-Algo para decirle a tu gente si te vas.

-Que se una, que converse, que se abrace. Que no se haga daño. Que deje  de hacer cosas cada quien por su lado para beneficiar a unos en perjuicio de otros. Quiero ver una Cartagena donde de verdad haya campo para todos.

-¿Tu legado?

-Fatigado y con precaria dicción concluye -¿Quieres má...? Ese es padre, no podemos equivocarnos dos veces.

Este relato hace parte de la ficción.